Reciclaje popular

Reciclaje popular en China

Una calurosa tarde de verano en China, alguien decide ir a comprar una botella de agua para intentar saciar esa sed que no desaparecerá por mucho líquido que tome. Bebe y bebe hasta que ya está a punto de acabarse cuando se acerca un ciudadano local con una pobre vestimenta señalando la botella y tratando de comunicarse a través del lenguaje de los signos. ¿Qué quiere? ¿Estará sediento y quiere agua? No… trata de ganar un puñado de yuanes con el reciclaje, un trabajo que muchos chinos hacen día tras día.

El gigante asiático siempre ha estado a la cabeza de todas las noticias relacionadas con la contaminación y el cambio climático, pero lo cierto es que no sólo debemos fijarnos en los protocolos de actuación de las fábricas, sino que es necesario mirar a la calle. La experiencia nos dice que es difícil encontrarse una botella de plástico tirada en el suelo o cualquier caja de cartón sin dueño. Todas y cada una de ellas están destinadas al reciclaje y a su posterior utilización.

Beijing dispone de la mayor planta de reciclaje de plástico del mundo pudiendo recuperar hasta 60.000 toneladas cada año. Números que son un indicativo de lo que no contaminan, al mismo tiempo que produce lo que equivale a un ahorro anual de 300.000 toneladas de petróleo. Reciclaje popular que termina en una gran fábrica para erradicar la contaminación masiva.

Desde primera hora de la mañana, chinos ataviados con una gran bolsa y una pinzas del tamaño de una escoba, salen a la calle en busca de todo el plástico que esté en el suelo o en manos de los viandantes. No es extraño que sin haber dado el último sorbo se acerquen a pedir la botella de plástico. No quieren beber, quieren reciclar.

Cuando el sol ya ha caído, todos se desplazan hasta cualquier punto de la ciudad donde haya un camión que agrupe los deshechos, no sin antes pesar la mercancía para poder dar el beneficio correspondiente a cada uno de ellos. Y por si quedaba alguna duda, su actuación no viene motivada por cuestiones ecológicas sino que su máxima moralidad viene dibujada en forma de dinero.

Durante los pasados Juegos Olímpicos de Beijing, se puso en marcha un proyecto de reciclaje de todos los residuos que se dejasen dentro de los estadios. Una medida que muchos vieron necesaria y que no es exclusiva ya que durante los JJOO de otros países se llevó a cabo la misma actuación. De cualquier modo, parece que el reciclaje de botellas en todos sus niveles es la mejor carta de presentación de China para el Protocolo de Kyoto.

Siempre se ha dicho que todo cambio debe ir precedido por la actuación popular para que surta efecto y, aunque por el momento las fábricas y demás grandes compañías no empiecen a cambiar, el reciclaje, por escaso que sea, siempre será bien recibido en un mundo donde los glaciares desaparecen y los veranos son efímeros.

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Categorias: Cultura China



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