Acceso a la Gran Muralla desde Beijing

Gran Muralla China

Cháng Chéng, 长 城, lugar que muchos han visitado pero que pocos sabrían reconocer por estas dos palabras. La esencia más pura de la Gran Muralla China, su nombre en chino, pasa a un segundo plano mientras que cada año esta Maravilla del Mundo se convierte en uno de los lugares más visitados del planeta. Tres puntos diferentes son los que te ofrecen las proximidades de Beijing para caminar sobre este sendero de piedra de más de 8000 kilómetros. Esta vez, Mutianyu será nuestro destino.

Un trayecto de dos horas a bordo de un coche que bien podríamos definir como kamikaze nos permitió descubrir la China más profunda, allí donde el verano y sus altas temperaturas se notan más a flor de piel. Contratar un chofer es la mejor manera para pisar esta fortaleza aunque con paciencia, eso sí, se puede coger el autobús combinando algunas líneas. Escena peculiar donde las haya cuando llegamos al valle de la montaña. Parecía una concentración de conductores chofer que se relacionaban entre ellos para matar el tiempo en el parking mientras sus clientes mostraban su lado más turista. Si pensábamos que nos dirigíamos a un lugar recóndito de la tierra, la aglomeración allí existente nos devuelve a la tierra. Comida, bebida y todo tipo de souvenirs con motivos de la Gran Muralla hacían del camino hacia la taquilla un paseo agobiante donde el bù yào se convirtió en la salvación a una invasión. Un inglés en diez palabras es suficiente para las ancianas chinas que se ganan la vida con este negocio.

Disponíamos de dos caminos: unas altas escalinatas o un teleférico que por 50 RMB (5 euros aprox.) te acercaba a la cima de la montaña. Lo aceptamos, fuimos cómodos y sin el mínimo esfuerzo nos vimos en lo alto del sendero. Los rayos de sol nos acompañaron durante las más de dos horas que anduvimos sobre las piedras, naturaleza que hacía aún, si cabe, más bella la estructura de la Muralla. Esta construcción que une el desierto de Gobi con la frontera con Corea plantea desniveles que nuestras piernas resienten y es que sólo las torres de vigilancia se muestran uniformes. Los desniveles de la montaña complicaron su construcción y ahora complican la visita, y más si no se recorre con la ropa adecuada.

El descubrimiento de una maravilla nos acerca a pasos agigantados a una cultura milenaria que vinimos a descubrir. Cuatro horas de coche en total, las piernas cargadas y fotografías, muchas fotografías, nos recuerdan que hemos pisado la obra construida por humanos más grande de la historia. Ya sólo falta ir a la luna para comprobar si desde allí se divisa este sendero de piedra.

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Categorias: Beijing, Informacion de China, Monumentos



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