La emperatriz Ci Xi: el poder en la sombra

Emperatriz Ci Xi

Pocos personajes en la historia reciente de China han sido capaces de hacer correr tantos ríos de tinta como la emperatriz regente Ci Xi (1835-1908). Instalada en el poder como gobernadora de facto durante casi medio siglo (de 1861 hasta su muerte), su vida y su trayectoria al frente del gigante asiático la han convertido en una de las personalidades más controvertidas y poderosas durante los últimos coletazos de la dinastía Qing (1644-1911).

Si bien la emperatriz Wu Zetian (625-705) ostenta el privilegio de haber sido la única mujer al frente del antiguo Imperio del Centro, lo cierto es que Ci Xi detentó en la práctica tanto o más poder que su predecesora.

Nacida en el seno del clan manchú Yehenara, siendo adolescente fue escogida por el emperador Xianfeng (1931-1861) para que formara parte de su harén como concubina, al quedar prendado de su belleza. Al poco tiempo, la joven dio a luz al futuro emperador Tongzhi (1856-1875).

Tras el prematuro fallecimiento de su esposo, tanto Ci Xi como la emperatriz viuda Ci’an (1837-1881) asumieron la regencia en nombre del hijo de la primera. A partir de este momento, Ci Xi desplegaría un control casi absoluto sobre el país, hasta el punto de entronizar a su sobrino Guangxu (1873-1908) en 1875, cuando éste era sólo un bebé.

De orientación claramente conservadora y reacia a abrirse a las formas de gobierno occidentales, la emperatriz llegó al extremo de decretar el arresto de Guangxu durante sus últimos años de vida, después de que éste se mostrara partidario de reformar y modernizar la institución imperial.

Incluso, hay quien opina que la alargada sombra Ci Xi planea sobre la muerte del joven mandatario: según algunos historiadores, su tía habría ordenado envenenar a Guangxu. Sea como fuere, lo cierto es que en 1881 no le había temblado el pulso a la hora de encargar el asesinato de Ci’an, temerosa por la creciente influencia que ésta se había granjeado entre la nobleza.

Sin embargo, estos sucesos no son sus únicos episodios sombríos. Sin ir más lejos, su hostilidad contra los extranjeros afincados la empujó a espolear la creación de un movimiento nacionalista violento, que persiguió a los cristianos chinos y a los residentes foráneos. Esta medida desencadenaría la rebelión de los Bóxers (1898-1901). La revuelta motivó la llegada a la zona de las tropas de los países afectados, hecho que se tradujo en un nuevo revés para la imagen y la precaria estabilidad sociopolítica del país asiático.

Mención aparte merecen un comportamiento tildado por muchos de megalómano y excéntrico, que muchos creen identificar en los excesos arquitectónicos del Palacio de Verano, en Beijing.

Aún hoy, más de un siglo después de su desaparición, el legado de Ci Xi aún cabalga entre la polémica y el descrédito de la historiografía. En cualquier caso, nadie puede negar que la fascinación que despierta continúa prácticamente intacta, como en los últimos años de su convulsa regencia.

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Categorias: Cultura China



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