Primer contacto con la cultura china

Año Nuevo en China

En mitad de una caótica avenida se adivina una parada porque el bus que nos traía se detiene en ese punto. El idioma universal de los gestos hizo de nuestro traslado del Aeropuerto Internacional de la Capital al hotel un desierto de conocimientos ¿Qué vamos a hacer en Beijing?

El color rojo que teñía las calles de la ciudad, una banda sonora a base de petardos, los dragones, llegaron de la mano de ese movimiento migratorio que por aquí se conoce como “el movimiento de la primavera”, gentes que provienen del interior de este gigante que empieza a desperezarse. El calendario lunar es el que rige el paso de los días en China. Esta vez el Año Nuevo y su leyenda de Nian cayó en la noche del 25 de enero. Feliz 4707.

Varios meses después de nuestro aterrizaje en la moderna T-3 diseñada por Norman Foster, uno se da cuenta, sin querer, de las diferencias que existen entre los chinos y nosotros. Sólo cuando se piensa detenidamente, uno es consciente de lo que tenemos en común. A todos los rincones del planeta ha llegado la globalización. En cualquier parte del mundo ya es posible tomarse una Coca-cola.

Aeropuerto de Beijing

Los chinos no disimulan su interés por tomar una foto de ese extraño que camina por su ciudad. Armados con su cámara digital como si fueran los japoneses que copaban La Puerta del Sol de Madrid retratan a los occidentales antes que los monumentos que supuestamente habían ido a contemplar. Al regresar a casa y descargar las fotos en el portátil nos damos cuenta de que nosotros hemos hecho lo mismo. Curioso.

A Madrid solo llegaba una parte de la verdad sobre China. Las noticias no mentían, pero sí decían una verdad a medias. Ahora en Beijing podemos conocer esa otra mitad que se ocultaba o que simplemente no se decía.

Residimos en un distrito al sur de la ciudad, Chongwen. Estamos dentro del segundo anillo. Beijing cuenta con seis anillos. Ser peatón en esta mega urbe es un deporte más que de alto riesgo. Cruzar la calle esconde un secreto en forma de código que sólo los más osados se atreven a poner en marcha. El claxon de los coches recuerda a viandante que el semáforo no es más que un ornamento de la calzada. Para llegar al otro lado no basta con esperar el paso de la luz roja a la verde, hay que ser osado y temerario a partes iguales y desear cruzar una calzada poblada de todo tipo de vehículos.

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Categorias: Beijing, Cultura China



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