Historia de China, la dinastía Ming

Dinastia Ming

El periodo histórico protagonizado por la Dinastía Ming, entre los años 1368 y 1644, comenzó con una era de inestabilidad que obligó al imperio a trasladar su centro económico al valle del río Yangtze, en las proximidades de las ciudades de Nanjing, Suzhou y Hangzhou. La fundación de la Dinastía Ming, en 1368, llegó con la ascensión al poder de Zhu Yuanzhang, quien decidió establecer la capital del imperio en Nanjing.

Sólo dos generaciones después, el Emperador Chengzu cambió Nanjing por Beijing (Pekín para los occidentales) como capital administrativa y política de China. Esta decisión terminaría por resultar funesta, ya que tras la rebelión de los campesinos y la caída de los Ming, la capital fue presa fácil para los manchúes.

Otra de las constantes a lo largo del gobierno de la dinastía Ming fueron las tensiones entre nativos y colonos en Guangxi, donde ambos grupos mantenían una incómoda convivencia. Por otra parte, la influencia de la administración no era tan eficaz como debiera, abarcando sólo algunas ciudades y los nexos de comunicación más importantes.

La forma de mantener bajo control a las minorías se efectuaba mediante gobernadores locales (los tusi), subordinados al emperador aunque con una gran libertad de movimiento y acción. Tales libertades, y la completa dependencia de las autoridades locales de los pueblos y ciudades, no tardaron en provocar que algunos ambiciosos tusi tratasen de conseguir más poder del que ya tenían.

Es también durante este periodo que comienza a mostrarse un mayor interés por el exterior de China, sobre todo a la hora de establecer nuevas relaciones con el extranjero. Los barcos comandados por Zheng He visitaron las costas de India, Persia, Australia y África durante el siglo XIV. Pero el imperio de los Ming, pese a querer relaciones con el exterior, no mostraba confianza en los llegados de fuera, como por ejemplo el caso de los portugueses, a los que no permitía adentrarse mucho en el país. San Francisco Javier, uno de los más apasionados colonizadores, murió en las aguas próximas a China en el año 1552.

Con la llegada a la capital de China del jesuita italiano Mateo Ricci comenzó la última etapa para la Dinastía Ming y su imperio, ya que la conversión al catolicismo de algunos mandatarios y allegados al emperador, allanó el camino para la llegada de más misioneros. Ésto, sumado a que los últimos emperadores de los Ming habían hecho gala de un despótico y abusivo poder, terminó con una revuelta popular y el final de la dinastía en el año 1644.

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Categorias: Historia sobre China



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