Nüwa y la creación del hombre según la mitología China

NÜWA

Nüwa es un ser de la mitología china que se suele relacionar con los Tres augusto y cinco emperadores, que son los gobernantes mitológicos de China anteriores a la primera dinastía Xia.

Esta diosa, o ser mitológico, aparecen en un sinfín de mitos. Muchas veces como creadora, otras como madre, como diosa, como esposa, como líder tribal e incluso como emperador. Evidentemente el paso del tiempo y la gran cantidad de leyendas dificulta su ubicación exacta, no obstante hoy nos centraremos en una de las más extendidas. La Nüwa creadora.

Una vez tomó forma el Universo, completándose con el sol, la luna, la tierra, las montañas, ríos y plantas, así como los animales. Los dioses llegaron a la tierra, la cual sólo tenía como residentes los nombrados animales y algunas criaturas monstruosas.

Nüwa se presenta como una diosa de gran poder. Tenía forma de ser humano, pero sólo en su parte superior, pues la parte inferior correspondía con la de un dragón (en ocasiones una serpiente), aunque era un ser que podía cambiar de forma a su antojo.

Nüwa pasó un tiempo recorriendo este extraño mundo. Un lugar bello, sin lugar a dudas, pero sombrío en cuanto a vida. Ella misma se sentía sola, triste, ávida de otro tipo de compañía, una compañía con sentimientos y pensamientos propios, como ella misma.

Cansada de deambular buscando algo que no encontraba, Nüwa se detuvo en un río sacando puñados de barro. Allí, a la orilla del manantial de agua natural, se dispuso a darle forma dotándolo de cabeza, brazos y piernas, para que de esa forma el ser pudiera andar.

Cuando terminó de moldear estas figuras realmente le gustó el resultado, así que sopló con fuerza vida dentro de ellas, haciendo que los nuevos seres despertaran y comenzaran a moverse graciosamente a su alrededor llamándola madre y bailando para ella.

Al principio se preocupaba en dar forma ella misma a estos seres. Luego, como veía que necesitaba muchos para poblar la tierra, se dispuso a inventar una nueva forma de creación. Introducía una caña en el barro, así cada vez que la sacaba y caían gotas de esta sustancia al suelo se transformaban mágicamente y de forma instantánea en hombres y mujeres.

Este pequeño detalle ha sido entendido durante siglos y siglos de forma que los primeros hombres, creados por sus manos, eran los afortunados en la tierra, mientras que los segundos, creados un poco más al azar, eran los pobres y personas más desgraciadas.

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Foto vía: takebackhalloween

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