La geografía de China

Vista del río Li, en los alrededores de Yangshuo

Las abrumadoras cifras que arroja la fascinante China —poseedora de una extensión de 9,6 millones de km cuadrados y alrededor de 1.345 millones de habitantes, lo que le convierte en el país más poblado del mundo— explican por sí solas el sobrenombre de “gigante asiático”. No en balde, antiguo Imperio del Centro linda con la nada despreciable cifra de 14 estados: Afganistán, Bután, Birmania, India, Kazajistán, Kirguistán, Laos, Mongolia, Nepal, Corea del Norte, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Vietnam.

Desde el punto de vista administrativo, China se compone de 22 provincias (23 si se cuenta Taiwán), cinco regiones autónomas (Guangxi, Mongolia Interior, Ningxia, Tíbet Xinjiang), cuatro municipios bajo jurisdicción central o municipalidades (Beijing, Chongqing, Shangai y Tianjin) y dos regiones administrativas especiales (Hong Kong y Macao).

Pese a ser depositaria de una diversidad paisajística incontestable, la línea que sigue la dirección suroeste-noreste, y que discurre de la provincia de Yunnan hasta el Gran Jingan, divide su superficie en dos áreas netamente diferenciadas: la occidental y la oriental.

La China occidental

Si hubiera que citar una característica para este sector sería su extrema aridez. Toda la parte meridional está ocupada por las cordilleras del Kunlun y el Himalaya, con picos que suelen rebasar las 6.000 m de altitud. Éstas enmarcan las alturas del Tíbet (en el suroeste), una región autónoma salpicada de lagos. Hacia el noroeste, se suceden una serie de depresiones más o menos profundas, delimitadas por las cadenas montañosas de Nanshan, Tian Shan y Altái (orientadas a su vez en sentido oeste-este): Tsaidam, cuencas del Kuku Nor, el Tarim, la fosa de Turfan y el valle de Dzungaria. Hacia el noreste, China incluye el límite meridional de las mesetas de Mongolia. Todas estas regiones, que se encuentran al abrigo de las influencias marítimas, presentan una climatología árida, con oscilaciones térmicas muy acusadas y un índice de precipitaciones escaso. A su vez, los desiertos de Takla Makan, Dzungaria y el Gobi ocupan una vasta superficie. Asimismo, su impacto en la hidrografía es determinante, ya que los ríos —con la salvedad de los que descienden del reborde oriental del Tíbet— se pierden en sus arenas.

La China oriental

Este sector, que se caracteriza por un relieve mucho más complejo que la mitad occidental, configurando un sugerente mosaico cuajado de llanuras y colinas. En el noroeste, las provincias que antaño formaron la antigua Manchuria dan cabida a una amplia cuenca formada por aluviones recientes, y circundada al oeste por el Gran Jingan y al este por el Chi’ang Pai-Sah y el Laotong. Las extensas tierras de loess, que integran la parte central del país, están recortadas por los ríos que bajan hasta el mar de China, y al este, topan con la gran llanura aluvial del Huang He o río Amarillo. Causante de catastróficas inundaciones a lo largo de la historia), su cuenca destaca por una peculiar tonalidad amarillenta, producto de los lodos de tierra calcárea presentes a la zona. Finalmente, al sur, a partir del valle del Yangtse o río Azul, se extiende una constelación de colinas de relieve confuso y surcada por depresiones: la Cuenca Roja. La China oriental recibe las influencias marítimas procedentes del este, lo que le permite evitar la aridez inherente a la mitad oeste del país. En el norte, reina un clima continental, con inviernos fríos y veranos húmedos, circunstancia que motiva el predominio del bosque templado (abedules, alerces y robles). El resto de la región está sujeta a la influencia del monzón, siendo aún más cálida y húmeda a medida que se desciende hasta el sur. La vegetación se caracteriza por la presencia de especies templadas y tropicales, dando paso al característico bosque chino.

La población

A pesar de su notable densidad demográfica (de 139,6 habitantes por km cuadrado), este dato encubre una gran desigualdad en la distribución de población, ya que el 90% se concentra en la tercera parte del territorio. Las condiciones naturales, extremadamente duras en muchos casos, motivan la escasa presencia humana en la China occidental. De hecho, la mayor parte de la misma reside en el sector oriental, sobre todo en los valles y en el litoral. Por lo que atañe a la diversidad, los han representan el 91,5% del total, siendo la más numerosa de las 56 etnias que el Gobierno del país reconoce como oficiales. Muchos de estos grupos minoritarios se localizan especialmente en el oeste de China, como en el caso de los uigures (de confesión musulmana) y los tibetanos.

Pero si resulta complejo este sorprendente puzzle humano, el patrimonio cultural del país no le va a la zaga: en suelo chino se hablan alrededor de variedades lingüísticas reconocidas, entre las que destaca el mandarín o putonghuà, la lengua oficial del gigante asiático. Con más de 836 millones de personas que lo dominan, es el idioma más popular del planeta.

En la imagen, vista del río Li, en los alrededores de Yangshuo (provincia autónoma de Guangxi).

Foto vía: Cèlia Roca

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Categorias: Informacion de China



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