¿Quién fue Lao-Tse?

Estatua de Lao-Tse en Quanzhou

Es casi imposible no haber oído hablar en alguna ocasión del yin y el yang, y por extensión, de la corriente de pensamiento que articula esta teoría: el taoísmo. Considerada como una de las religiones más definitorias de China, sus inicios recaen en la misteriosa figura de su fundador: Lao-Tse.

En cualquier caso, no es nada fácil referirse a un personaje como él, semilegendario y del que se desconoce prácticamente todo, incluyendo el momento histórico en el que vivió.

Lo mismo ocurre con el libro canónico de los taoístas —el “Daodejing” o “Libro del camino y la virtud”—, que fue compilado ocho siglos después de la fecha en la que supuestamente fue escrito, y tras haber sido destruido por el primer emperador chino, Qin Shi Huang Ti (259 a.C.-210 a.C.), durante la quema de libros que el mandatario decretó en 213 a.C.

Ahora bien, este magma de imprecisiones e incógnitas confiere aún más interés a una escuela filosófica tan críptica como fascinante. Para conocer algunos datos acerca de la misma, conviene retroceder hasta el momento de su génesis, un dato difícil de precisar.

Si bien se cree que los primeros escritos atribuidos a Lao-Tse vieron la luz hacia a los siglos V o IV a.C., la tradición los sitúa en una etapa anterior, contemporánea a Confucio (ca. 551-479 a.C.), a quien Lao-Tse habría superado en edad —de hecho, existen relieves sobre cerámica de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.) que recrean un encuentro entre ambos que jamás ha podido ser confirmado. Sea como fuere, lo cierto es que en el historiador Sima Tan (165 a.C.-110 a.C.) ya se hace eco de la existencia del taoísmo en su obra.

Precisamente, al hijo de éste, el también cronista Sima Qian (145-86 aC.), corresponde la principal referencia documental sobre Lao-Tse. A tenor de sus palabras, su verdadero nombre fue Le Er, pese a que también se le conocía como Le Dan, y habría nacido al estado de Chu. Durante años, trabajó como archivero imperial y fue un experto en rituales.

Ya de anciano, desencantado por su caída en desgracia ante los ojos de la clase política, huyó hacia el oeste (al reino Qin) a lomos de un buey. Al intentar cruzar la frontera de Hien Ku, el personaje conocido como el Guardián del Paso de Montaña, Ying Xi, le exigió que le hiciera partícipe de todas sus enseñanzas. Según Sima, Tao-Tse escribió entonces el “Daodejing” y lo entregó al vigilante. A partir de este momento, su pista se perdería para siempre.

Foto vía: Wikiquote

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Categorias: Cultura China



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