Palacio de Verano de Beijing, jardín del Edén

Palacio de Verano

El continente asiático es un crisol de culturas que levanta pasiones, y no sólo entre grandes arqueólogos, sino también entre todos aquellos que buscan en sus monumentos el responder la ingente variedad de interrogantes que giran en su entorno.

Y éste es el caso de la República Popular China, nación emblemática de aquella región por sus célebres monumentos, los cuales ya han sido protegidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y, entre ellos, el gran Palacio de Verano de Pekín, jardín de exquisita arquitectura.

Ubicado a unos doce kilómetros de la capital china, esta belleza oriental abarca cerca de trescientas hectáreas de verdes campos, decorándolo el ceremonioso Lago Kunming. Desde el momento de llegar a él, usted puede presenciar la fina ingeniería con la que el Emperador Qianlong mandó a construirlo en 1750, en especial por el Barco de Mármol que se ubica en el mencionado lago.

Originalmente sus cimientos estaban conformados de cristal y de mármol. Sin embargo, con el pasar del tiempo, hubo refracciones en su interior. La emperatriz Cixi, una de las principales restauradoras del palacio en el siglo XIX, realizaba banquetes y reuniones de gala en aquel navío, con lo cual fue visto por la realeza china como emblema de pomposidad y sofisticación de aquellos tiempos.

Palacio de Verano

El deleite por la ornamentación prodiga se puede sentir en el Gran Corredor, fabuloso pasillo cerca de un kilómetro de extensión que alberga en su cielo más de catorce mil frescos inspirados a hechos de la milenaria historia china. La emperatriz antes mencionada fijó aquel pasillo en razón de movilizarse por su residencia despreocupándose de cambios meteorológicos a último momento.

Además, se puede deleitar con la mística Pagoda del Buda Fragante, la cual se levanta en la Colina de Longevidad Milenaria, a mitad del corredor. Parajes como aquel le quitarán buena dosis de energía a su vista lo su exquisitez, como también a su cámara fotográfica.

El aire libre que los chinos gozan es un manjar infinito para el alma, y por ello usted debe rendir culto a la caminata en el Puente de los Diecisiete Arcos. Con sus ciento cincuenta de extensión y ocho de anchura, este emblema del estilo de vida pekinés de la dinastía Qing posee quinientos cuarenta esculturas de león en diversas formas, con lo cual de lejos pareciera un níveo arco iris con gélidos animales de piedra que lo custodian.

Esto y mucho más hace que la visita al Palacio de Verano de Pekín realmente merezca la pena.

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