Primeras impresiones de Hong Kong

Hong Kong de noche

En Hong Kong no hay lugar para las sombras ni la timidez. Su ciudad dividida por el Puerto Victoria hace que aquí puedan disfrutar tanto los amantes del mar como de las compras. La antigua colonia inglesa me acoge estos días de junio donde es época de huracanes y la lluvia no cesa pero el agua ya se ha convertido en un ciudadano más de este Hong Kong que nada tiene que desear a lo que algunos llaman la Gran Manzana.

Nathan road tiene el mejor final de calle que jamás haya visto, el Puerto Victoria, que invita a recrearse con sus espectaculares vistas a las isla de Hong Kong. Un skyline repleto de luces, de alturas, de trabajo, me hizo recordar mis sueños, aquellos que en algún momento dejé a un lado. Es el lugar donde las utopías parecen alcanzables. Sobran las palabras, hay que verlo para sentirlo.

La zona más rica de esta SAR (Special Administrative Region), es la isla de Hong Kong y posee una red de pasarelas que unen cada unos de los rascacielos con los muelles, sin necesidad de pisar la calle y mojarte. El aspecto negativo de esta ciudad es su clima. La humedad acompaña tanto al buen como al mal tiempo y la lluvia es tan intensa y continua que ha determinado una estructura de comunicación entre todos los puntos a un nivel por encima del suelo.

Hong Kong

Una ciudad con dos extremos: la isla de Hong Kong y Kowloon. La asombrosa imagen del skyline, a modo de cajas de cerillas que se distinguen en altura y grosor, es el contrapunto de la famosa Nathan Road de tierra firme, allí donde las fachadas invadidas por luces de neón y carteles publicitarios casi se dan la mano sin dejar espacio para ver el cielo. Kowloon simboliza el progreso más popular, aquel que experimenta gran parte de los hongkoneses sin vivir de las grandes marcas. Tiendas que no cierran hasta las doce de la noche y chiringuitos de calle que trasladan a las películas de los años 90 rodadas en Hong Kong.

El ferry y el tranvía acaparan todo el protagonismo en esta ciudad donde no hay cabida para el coche y la moto. Cada día, los barcos de más de cincuenta años que funcionan a modo de transporte público sirven de unión de los dos mundos divididos por el Puerto. Aunque parezca lento, este medio es el más eficaz de todos para cruzar ya que la carretera subterránea sufre aglomeraciones y es menos flexible con su destino a la otra orilla.

Primer viaje a Hong Kong pero no el último. Para el recuerdo quedarán aquellos desayunos improvisados en la bahía en donde los sueños parecían estar al alcance de mis manos. Hasta pronto Hong Kong.

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